Mascotas

Conoce las serias investigaciones de Stephanie McGrath sobre CBD en perros con epilepsia 

La especialista en neurología y neurocirugía veterinaria se interesó en estudiar el uso del CBD para tratar a perros epilépticos, con ese objetivo realizó tres de los primeros estudios científicos en el área y encontró resultados prometedores que aquí mencionamos  

El uso del CBD (Cannabidiol) en mascotas es reciente, hace unos años la sustancia se veía con recelo por provenir del cannabis y hoy día los veterinarios apenas comienzan a ver sus beneficios en el ámbito de la salud animal, pues cuando cursaron sus estudios profesionales poco escucharon sobre esta alternativa natural.

Sale a relucir, el webinar que organizó el Instituto de Investigación del Cannabis de la Universidad Estatal de Colorado en Pueblo e impartió Stephanie McGrath, profesora asociada de neurología y neurocirugía en la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas de la Universidad Estatal de Colorado en Fort Collins. McGrath enfocó su presentación en su trabajo que aborda el uso de CBD en perros que sufren trastornos convulsivos.

Precisamente McGrath se interesó en el tema, debido a que la epilepsia en perros es el trastorno neurológico más común en los caninos y alguno de los tratamientos existentes son inadecuados, entonces ya había escuchado hablar sobre el CBD y quiso comprobar por sí misma.

La veterinaria relata en el webinar que todo ocurrió mientras completaba su residencia en Colorado y en ese momento las ventas legales de cannabis para uso adulto estaban despegando y salía a relucir el caso de Charlotte Figi, una joven cuya familia la trasladó a Colorado para acceder al CBD y poder tratar sus convulsiones.

Fue entonces cuando McGrath se preguntó si el CBD podría tener los mismos efectos de reducción de convulsiones en los perros, pero despejar esa interrogante representaba un reto. “Fui a la escuela sabiendo que la marihuana es tóxica para los perros. ‘Es terrible. No lo use. Manténgase alejado de él ‘. Vemos toxicosis por marihuana en nuestras salas de emergencia”, recordó McGrath.

Otro desafío era enfrentar el plano legal. En 2014 la Ley Agrícola vigente permitía a los estados lanzar programas piloto de cáñamo. El cáñamo es abundante en CBD, aunque pudo tener mayor libertad con la reforma de esa ley a finales de 2018 cuando el cáñamo quedó excluido de la lista de sustancias controladas.

A juicio de McGrath, esa disposición legal “ha hecho mucho más fácil para los colaboradores y otros investigadores y científicos comenzar a explorar el cannabis en sus instituciones.»

Recalcó que su propia investigación inició, en algunos sentidos, en la zona cero, porque había muy pocos estudios sobre perros y CBD que pudieran servir como punto de partida para trabajos adicionales. “Básicamente, no teníamos una base para usar este medicamento a pesar de que existía desde siempre. Así que teníamos muchas preguntas sobre la biodisponibilidad, si este fármaco se absorbería”, acotó.

Primer ensayo

McGrath empezó con un estudio farmacocinético, en el cual 30 perros, raza beagle recibieron tres formulaciones diferentes de CBD, durante seis semanas se le aplicaron dos dosis diarias. En ese tiempo, la autora del estudio junto a su equipo evaluó seguridad, tolerancia a los fármacos y cualquier efecto adverso importante.

Indicó que las preparaciones orales eran medibles en el torrente sanguíneo de los perros y en general, bien tolerados, detalló que el único efecto secundario importante fue la diarrea, «que fue transitoria, pero ocurrió en todos los perros en todas las dosis en varios momentos». También hubo una elevación en una de las enzimas hepáticas, la fosfatasa alcalina, y aunque los investigadores no tenían preocupaciones relacionadas con la toxicidad hepática a corto plazo, «eso fue definitivamente algo que notamos y queríamos seguir monitoreando».

Segundo ensayo

Dado los resultados, McGrath decidió continuar con los ensayos clínicos en animales propiedad del cliente para medir el CBD y su efecto a corto plazo sobre la frecuencia de las convulsiones en perros que sufren de epilepsia idiopática mal controlada.

Con ese objetivo, evaluó un total de dieciséis perros, nueve de ellos, en el grupo de tratamiento y siete en el grupo de control. Todos estos perros tenían un diagnóstico confirmado de epilepsia idiopática y cada uno de ellos tuvieron que permanecer en su tratamiento anticonvulsivo estándar durante el estudio de tres meses. Luego, los investigadores agregaron CBD al régimen de tratamiento o un placebo.

Tras las mediciones correspondientes se vio «una reducción significativa en la frecuencia de las convulsiones en el grupo de tratamiento en comparación con el grupo de control», comentó McGrath, aunque cuando observaron a los «respondedores», una forma común de registrar la eficacia de los medicamentos antiepilépticos, querían que los perros tuvieran al menos una reducción del 50 por ciento en la actividad convulsiva, lo cual no sucedió.


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Al conocer las reacciones, McGrath destacó que la parte más interesante del estudio fue la «correlación significativa» entre el nivel plasmático y el cambio de convulsiones.

“Como los perros, que por alguna razón, metabolizan el fármaco de tal manera que alcanzan niveles plasmáticos más altos, en realidad tienen una disminución adicional en la actividad convulsiva que los perros que nunca alcanzan ese nivel. Y entonces ver esa correlación realmente me dio muchas esperanzas de que si podemos hacer que más perros crucen el umbral arbitrario, podríamos ver resultados mejores y más positivos”, explicó McGrath.

Tercer ensayo

McGrath quiso ir más allá y efectuó un tercer estudio clínico, el cual fue financiado por la American Kennel Club Canine Health Foundation con un experimento mucho más grande, pues incluyó a 60 perros. La metodología, un estudio cruzado prospectivo, doble ciego y controlado con placebo. Los perros del estudio recibieron CBD o placebo en la primera fase, y luego CBD o placebo en la segunda fase.

“Nos da un estudio un poco más poderoso porque cada perro se puede comparar consigo mismo, así como con el grupo de tratamiento y el grupo de control”, comentó.


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Para este estudio, también agregaron CBG (Cannabigerol) y se aumentaron las dosis en un esfuerzo por llevar más perros a un rango de plasma de mayor nivel. Durante el curso de este estudio, Epidiolex, un extracto de planta de cannabis a base de CBD, fue aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos, que McGrath y su equipo comenzaron a usar como parte del estudio.

Esta investigación aún está en curso, se espera que el último perro culmine el tratamiento en marzo del año próximo y posterior a ello, se den a conocer los resultados.

“En general, no vimos ningún signo clínico preocupante. También estamos midiendo los niveles de fármacos antiepilépticos a lo largo de los estudios. Por tanto, también vamos a evaluar si el CBD tiene algún efecto sobre el aumento o la reducción de los niveles de fármacos antiepilépticos”, concluyó.

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